Charla

Lejos del bronce, de las fechas solemnes y de la mera dimensión bélica del conflicto, la llegada a 25 de Mayo de los veteranos de guerra de Malvinas Esteban Tries, Jorge Sabbagh, Carlos Felizzola y Marcelo Aceto propuso un viaje al fondo del alma humana para entender a Malvinas no como una herida estéril, sino como los cimientos necesarios para la reconstrucción de la nación. Fue en el marco del programa “Malvinas, educación y valores”, traído por el Municipio a partir de las políticas públicas de malvinización impulsadas por la gestión del intendente Ramiro Egüen.

“El aporte de los testimonios de nuestros veteranos y la recuperación de sus experiencias en primera persona resultan herramientas indispensables para fortalecer la enseñanza de la historia reciente y revalidar el compromiso de las nuevas generaciones con la soberanía nacional”, señaló el Jefe Comunal, remarcando que la administración municipal continuará respaldando estas acciones con convenios y recursos logísticos para llegar a todas las escuelas e instituciones.

Recorriendo el país y alcanzando a unos 50.000 jóvenes al año, los excombatientes llegaron al partido para dejar un mensaje que trasciende las aulas y sacude el sentido común. La propuesta es clara: cambiar el foco. No se trata de memorizar fechas o datos que hoy se consiguen en segundos a través de una pantalla, sino de sentir Malvinas para poder amarla y, en consecuencia, saber defenderla desde la paz, el diálogo cotidiano y la empatía con el prójimo.

Egüen y los veteranos

La trinchera como escuela de vida

“Para mí Malvinas fue y es el diccionario de la vida”, define con crudeza y profundidad uno de los veteranos al repasar aquellos días marcados por la mutilación, la lejanía, la tristeza y el miedo. “Ahí aprendí absolutamente todo: lo peor que puede ser un hombre en una situación límite, pero fundamentalmente lo más grandioso que tiene guardado. Y ahí ves realmente quién es un jefe, quién es un líder, quién es un amigo”.

Esa experiencia extrema, aseguran, se traslada hoy a las trincheras cotidianas que enfrentan las nuevas generaciones. Por eso el mensaje hacia los jóvenes que colmaron las instituciones locales —desde el ISFDyT Nº 28 y el Colegio San José hasta la Casa del Niño y la charla abierta en la Biblioteca Ibarra— tuvo un tono de profunda resiliencia y esperanza.

“Queremos meterles los mejores valores para que, pase lo que les pase en la vida —situaciones límite, dificultades, abandonos—, sepan que siempre se puede salir”, explican, recordando que a ellos mismos les costó treinta años entender el sentido de haber vuelto. “No queremos que los chicos tarden ese tiempo en comprender que con fortaleza, fe, un abrazo y una escucha comprometida siempre se puede salir adelante y seguir los sueños”.

Charla

Frenar el vértigo y volver a lo simple

En sus encuentros con estudiantes, docentes y vecinos, los excombatientes alertaron sobre las trampas del ritmo actual. “El sistema y el apurarte no te permiten apreciar qué está sintiendo el otro. Por eso necesitamos poner freno de mano y decir: ‘Che, loco, ¿cómo andás?’. No juzgar al otro por la cara que tiene, porque por ahí está peleando por el laburo o no le alcanza la guita”, reflexionan, señalando que la reconstrucción de la sociedad empieza por las acciones más elementales:

“Aceptar al otro, aunque ideológicamente sea opuesto, aunque tenga otra creencia o sea de otra clase social. Aprendimos que la manera de empezar a reconstruirnos es una sonrisa, un abrazo, nada más. Y todavía es gratis”.

Conectar la experiencia de aquellos jóvenes soldados que compartieron lo único que tenían en la asimetría de la trinchera con las necesidades del presente permite dimensionar el verdadero alcance de la visita. Los veteranos se van de 25 de Mayo dejando una huella imborrable, habiendo transformado el dolor del pasado en una herramienta de aprendizaje, recordándonos que el horizonte de la patria se construye todos los días, empezando por cuidar nuestro metro cuadrado y reconociendo en el abrazo al otro la forma más genuina de la soberanía.

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