El primer plato volador de Argentina se vio en La Plata el 11 de julio de 1947 y los testigos fueron vecinos asombrados de la zona. La foto fue publicada por diario El Día el 12 de julio de 1947
Por Marcelo Metayer (Dib)
En la fecha en que Juan Manuel Fangio cumplía 36 años, el 24 de junio de 1947, pasó algo muy extraño en el cielo de los Estados Unidos. Un piloto civil llamado Kenneth Arnold vio durante un vuelo sobre el monte Rainier, en el estado de Washington, una formación de objetos que parecían moverse “como platos arrojados sobre el agua”. A partir de ese primer avistamiento de lo que enseguida se llamó “platos voladores”, los testimonios de su presencia en el firmamento estadounidense se multiplicaron. A los pocos días comenzaron a verse en Europa, después en Sudamérica. Y el 11 de julio llegaron a Argentina. Más exactamente, a La Plata, donde en una fría noche vecinos curiosos de la esquina de 56 y 25 vieron asombrados una esfera que algunos dijeron que era violeta, otros colorada, detenida por un buen rato sobre un naranjo, hasta que desapareció. El episodio fue conmemorado siete décadas después con una placa colocada por la Fundación Argentina de Ovnilogía (FAO) en el Parque Vucetich, que también es conocido por el antiguo nombre de San Martín, a pocas cuadras de allí.
En los veinte días transcurridos desde el evento fundacional de Kenneth Arnold, la gente se tomó la noticia de los platos voladores con asombro, algo de incredulidad y mucho humor. De hecho, en los diarios de la época hay tantos chistes gráficos sobre el tema como noticias de avistamientos. Ya habían comenzado las especulaciones: se decía que eran armas secretas, ilusiones ópticas y hasta manifestaciones sobrenaturales.
“Aviones secretos” y el caso Roswell
Las primeras noticias en nuestro país de las extrañas luces que conmocionaban al hemisferio Norte tardaron un tiempo en llegar. En el diario Crítica de Buenos Aires, por ejemplo, la primera mención al asunto recién apareció el 5 de julio. En la sección de Internacionales se reprodujo un cable de United Press titulado “Misteriosos ‘Platos Voladores’ Serían Nuevos Aviones Secretos”. El texto comienza: “Dos pilotos de las United Airlines dijeron que se hallaron en su ruta con “un objeto extraño” por las cercanías de Boise, Idaho, y los del servicio de guardacostas dicen que tomaron una fotografía del misterioso aparato que tan alarmados tuvo a habitantes del oeste estadounidense en los últimos días y que el público dio en llamar “el plato volante”.
El 9 de julio, El Día de La Plata publicó un recuadro con el comienzo de otra larga historia: “El servicio secreto del 509 grupo de bombarderos de la base aérea militar de Roswell declaró que un ganadero local había hallado un ‘plato volador’”. Aunque para Crítica el caso era “otro chasco” y se trataba de un globo meteorológico.
“Irradiando violácea luz”
El 11 de julio (y no el 10, como dice la placa que instaló la FAO en 2017) el misterio se vistió de celeste y blanco. El diario El Plata tituló, en mayúsculas, “IRRADIANDO VIOLÁCEA LUZ APARECIÓ EL PLATO”. En el texto se afirma que el objeto “posóse antes de desaparecer sobre un naranjo de 56 y 25”. Y relata: “La tranquila barriada de las calles 56 y 25 de esta ciudad ha sido sobresaltada por la aparición sobre un naranjo de lo que se supone sea un ‘plato volador’”. El fenómeno descubierto anoche por un grupo de vecinos se prestó a las más variadas conjeturas y con esa suspicacia tan nuestra fue tema de numerosos chistes que derivaron hacía la postre hacia otro terreno más estable. El frío de anoche, la escasez del carbón, la falta de papa y otros asuntos de rigurosa actualidad doméstica a poco pospusieron el tratamiento del fenómeno, que no obstante tiene su importancia científica”. En un suelto que salió en el matutino porteño Clarín ese mismo día, en tanto, se aclaró la hora: el objeto apareció alrededor de las 20.30 y desapareció hacia las 20.45 horas.
Mientras tanto, El Día publicó varias notas sobre el tema en su edición del 12 de julio. En una, el anónimo cronista escribió: “¡Bueno! Ya comenzaron a volar sobre nuestro cielo los platillos voladores que tanto preocupan y tanto están dando que hablar al mundo”. Al día siguiente, el 13, en otro texto se lee: “Los vecinos de 56 y 25 están convencidos de que no fueron víctimas de ninguna ilusión óptica. Aseguran que vieron la esfera rojiza que avanzaba velozmente desde el este para desaparecer rápidamente. ‘Por ahí pasó’, dicen con absoluta convicción señalando un punto en el espacio”. Acompaña la nota una fotografía en la que se hizo posar a algunos testigos, que señalan el cielo. El título: “Los que vieron el primer plato”.
El Argentino, otro diario que se publicaba en ese momento en la capital bonaerense, no menciona lo del objeto platense, cuando sí habla de apariciones en otros puntos de la provincia de Buenos Aires, como 25 de Mayo.
Y Crítica, que venía publicando notas sobre platos voladores a diario desde el 5 de julio, les dedicó nada menos que las notas centrales de las páginas 12 y 13 del domingo 13. Mencionó testimonios de artistas nacionales sobre el tema, como Sofía Bozán: “¡Salí de ahí! ¿Sabés lo que se me ocurre? Les voy a pedir a mis autores que me escriban un tango con este título: ‘¡Qué plato… volador!’”.
La publicación, además, lanzó un concurso en el que ofrecían 2.000 pesos “a quien consiga aunque sea un trocito de plato volador”. Mientras que en la nota de la página 13 se menciona al plato volador platense en el contexto de una “encuesta a los porteños”: “Todas las miradas se vuelven hacia el cielo. La aparición de platos voladores en los Estadas Unidos desde hace varias semanas, y desde anoche en la ciudad de La Plata, ha despertado la atención de todos y volcado el interés de los seres terrenos en los espacios siderales”.
Otros avistamientos
El plato volador de La Plata del 11 de julio marca el comienzo de la primera “gran oleada” de apariciones de estos objetos en el país, en paralelo con una tendencia en igual sentido a nivel mundial. Aunque la nota de El Día de “los que vieron el primer plato” menciona un suceso previo: “Otro vecino platense asegura haber visto con sus propios ojos el veloz desplazamiento de un plato volador, similar a los descubiertos en otras regiones por hombres de este planeta. Es un hacendado. que posee una chacra en las afueras de esta ciudad. Es una persona seria y -al decir del hijo- poco amiga de los comentarios… Pues bien: este señor refirió en la sobremesa familiar que el lunes [Ndr: el 7 de julio], al despuntar el día, vio a una altura aproximada de 1.000 metros cómo cruzaba con increíble rapidez un objeto plateado, en forma de disco, cuyo seguro vuelo se producía en impecable zigzag. De pronto, se precipitó en vertical, cayendo a un campo distante quinientos metros del lugar donde se encontraba el observador. Nuestro hombre se dirigió prestamente a ese sitio, pero no encontró ni rastros del presunto plato. Ni humo…”.
La cuestión es que en menos de dos semanas llegaron a conocimiento del público testimonios de apariciones de platos voladores en 25 de Mayo (como se dijo más arriba), de Balcarce, de Bahía Blanca, de Punta Alta, de Olavarría, de Sierras Bayas, de Pehuajó y de Mar del Plata. Y esto, solo en territorio bonaerense. Al mismo tiempo se conocían noticias sobre platos provenientes de todos los rincones del país.
La fecha
La confusión por la fecha, la cuestión de si ese “primer plato” se vio el 10 o el 11 de julio, apareció con el paso de los años y el olvido del asunto salvo para los especialistas. De esa manera, más de tres décadas después, en septiembre de 1978 (otro año clave para el fenómeno ovni), una nota de El Día mencionó que “el 10 de julio de 1947 numerosos vecinos de la ciudad vieron una flotilla compuesta por naves esféricas de color rojizo que se desplazaron con rumbo oeste”. Es decir, no solo otra fecha, sino una descripción completamente diferente a la original.
Pero todos los medios de la época salieron el 12 de julio con notas que decían “anoche los vecinos vieron el plato”. Y para Crítica, incluso, el “anoche” era el sábado 12, no el viernes 11. Y una de las primeras recopilaciones de casos nacionales, la “Historia de los platos voladores en la Argentina”, de Héctor P. Anganuzzi, menciona el 11 de julio como fundacional, por lo ocurrido en La Plata.
Conmemoración
En abril de 2017 la FAO, grupo encabezado desde su creación por el ufólogo platense Luis Burgos, junto al ICOU (Investigadores de Campo Unidos), ubicó dos placas en la capital bonaerense que hacían referencia a la importancia de la ciudad para el tema ovni.
Una está en cercanías de la Estación Provincial (17 y 72), por la llamada Zona 72, una franja en esa avenida en la que hubo apariciones de luces y extrañas huellas. La otra está en el Parque Vucetich, en un árbol dentro del predio de Aguas Bonaerenses (ABSA), y conmemora aquel primer caso de 56 y 25.
El plato volador que ardió un primero de enero
Para contar el cierre -por ahora- de esta historia, voy a pasar a la primera persona, ya que fui testigo directo de los hechos. Una de las grandes pasiones de La Plata se cumple cada Año Nuevo, cuando se queman los “momos” o muñecos en muchas partes de la ciudad para despedir el año que se va y recibir el que llega. En diciembre de 2024 me crucé con un plato volador con “ocupantes” preparado para arder en la esquina de 55 y 25, es decir, a igual distancia del lugar del avistamiento del 11 de julio de 1947 y del Parque Vucetich / San Martín, donde está la placa conmemorativa del acontecimiento.
Me puse a conversar con los responsables de la creación, quienes me aseguraron que no tenían idea de lo que había ocurrido en la zona casi ocho décadas antes y estaban asombrados por la coincidencia. Si es que se puede hablar de coincidencia.
Arriesgo una hipótesis que, aunque fantástica, no deja de ser interesante: quizás los lugares también tengan memoria. Y aunque haya vecinos que no recuerden el primer plato volador aparecido en Argentina, aunque ya no quede ni rastro de ese naranjo sobre el que se posó “el plato”, “irradiando violácea luz”, quizás la esquina conserva la imagen y, de alguna manera que no sospechamos, fue la que inspiró a los constructores del ovni de madera, alambre y papel que alimentó el fuego de aquel Año Nuevo.
Misterio.
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