Por Claudia Lobosco – ex concejal Pro Democracia
Impacta ver y sentir el efecto devastador que ocasiona el abuso de poder, los malos tratos y la injusticia que viven los ciudadanos cuando hay un malhechor en el poder. El que llega con mentiras y promesas mágicas de generar condiciones de vida óptimas para alcanzar un cierto grado de “felicidad”, de bienestar, de progreso y lo que más rechazo genera la autorreferenciación de ser “honesto”, “dedicado” y ser el “más humilde de los empleados municipales”.
El liderazgo avieso que ejerce el mandatario comunal, la capacidad de influir o controlar a otros, sometiendo las libertades es imponer su voluntad a toda costa, no importando en lo más mínimo lo legal y lo moral.
Existe una frase que reza ”El poder mal aplicado puede volverse coerción; bien canalizado, se convierte en energía transformadora”, lamentablemente nos toca vivir en 25 de Mayo la primera, la de la coerción, la de la persecución, presiones, restricciones, limitaciones e intimidaciones.
Cuando el poder se usa sin empatía, la autoridad se convierte en amenaza, que generan un contexto de miedo y silencios, dando lugar a la reducción del compromiso y la productividad, destruye la confianza y el clima laboral, erosionando todos los mecanismos del funcionamiento y de la estructura municipal.
Al exponer públicamente a las personas e injuriarlas se traspasa una línea ética, social y legal muy peligrosa, la exposición impacta directamente en los contextos y en las emociones de las mismas, ¿y quién se hace cargo de ese sufrimiento? Si existe una falta leve o grave se denuncia cómo y dónde corresponda y con pruebas.
“Porque de bravucones el mundo está lleno”. Poder con propósito, autoridad con humanidad, sentido común, coherencia y justicia.




