Kicillof, entre la federalización por mano ajena y la pelea sin fin con el camporismo

Por Andrés Lavaselli

Aunque los flashes se enfocaron en su aparición el jueves en Plaza de Mayo (fue el único gobernador en sumarse a la movida anti reforma laboral de la CGT), lo importante para Kicillof había ocurrido 48 horas antes, en un evento con menos atención pública: la reunión con sus pares peronistas de perfil opositor duro, el formoseño Insfrán, el pampeano Zillioto -anfitrión-, el riojano Quintela, el fueguino Melella y el santiagueño Suárez quien, dato importante, llegó acompañado por su jefe político, Gerardo Zamora. Se sumaran diputados y senadores.

A través de algunos gestos públicos y varias definiciones privadas, Axel Kicillof comprobó esta semana hasta qué punto la fatiga que produce el kirchnerismo en el peronismo del interior es una clave del camino federal que estará obligado a recorrer de ahora en más si quiere disputarle el poder a Javier Milei. Mientras, en su propio territorio, la guerra con el cristinismo multiplicó sus frentes casi hasta el vértigo: el Senado, Diputados y el propio partido se transformaron en escenarios de un nuevo pico de tensión.

De esa reunión surgió un documento de resistencia “federal” contra el destrato financiero de Milei a las provincias, que confirmó además el rechazo a los proyectos de presupuesto y reforma laboral. Pero e n el cara a cara de los gobernadores sobrevoló algo más: cierto fastidio con el kirchnerism o. Puntualmente, hubo señalamientos respecto de que los proyectos que la conducción del bloque de diputados, que ejerce el cristinista Germán Martínez, raramente tiene en cuenta sus pedidos a la hora de negociar con el gobierno.

Dos cuestiones ocurridas puertas adentro dan cuenta del ánimo imperante. 1) Una intervención de Zamora, hasta hace poco completamente alineado con Cristina, que habló de no acompañar el dictamen del Presupuesto de UxP para “no perder” porque “nadie quiere votar con el kirchnerismo”. 2) Un llamado de Germán Martínez para hacer notar la “inconveniencia” de que legisladores se reunieran con gobernadores en la previa de una sesión sobre al que ellos mantenían abiertas negociaciones, al que nadie le hizo caso.

Ninguno de esos gestos estuvo dirigido a Kicillof ni implica para él un respaldo, ni siquiera implícito. Pero son significativos porque le demuestran el grado que alcanzó la tirria con el kirchnerismo en el peronismo que él imagina como un sostén clave de su proyecto 2027. Lo que ocurrió con Insfrán se inscribe en ese contexto. Kicillof visitó a Formosa de modo algo sorpresivo. Algunos hablaron de un “lanzamiento federal”, que en realidad no ocurrió. Más bien, la insistencia de “Gildo” en subirlo a su avión fue leída como un mensaje para San José 1111, que a la vez da cuenta de cómo ese enojo es funcional a los planes del bonaerense.

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Pelea en el patio trasero

Esas señales conviven con un nuevo agravamiento de la pelea en la Provincia, que tiene un foco en la Legislatura, donde la pulseada involucra el manejo de recursos económicos y el control de cargos institucionales de primer orden. En el Senado, Verónica Magario es objeto de una llamativa embestida camporista que comenzó en torno a la vicepresidencia primera -tercer sillón en la línea de sucesión de Kicillof- y ahora se amplió a otro cargo de conducción: la secretaría administrativa, que ocupa el economista Roberto Feletti . El kirchnerismo quiere el cargo y a la vez instaurar un sistema de “firma” cruzada que le dé injerencia en las resoluciones administrativas del cuerpo.

En Diputados, la lógica también implica el manejo de recursos: el massismo y La Cámpora cambiaron el modo en que se transfieren los fondos que el Ejecutivo debe remitir para solventar los gastos no salariales, la parte “política” de los 222 millones de pesos que maneja la presidencia del cuerpo, que ellos detenta. Los diputados dicen que transformaron en automático el mecanismo porque este año el Gobernador les demoró todo lo que pudo los giros. Kicillof lo vetó bajo el argumento de que implicaba un privilegio respecto de otros poderes del Estado. Es probable que la cosa quede allí, porque ningún opositor quiere colaborar con los tercios necesarios para insistir contra la decisión del Gobernador ni cabe esperar una intervención rápida de la Corte.

El PJ bonaerense, tercer escenario de la pelea, es el más interesante. Con su mandato vencido, Máximo Kirchner llamó a una reunión para definir cómo seguir. Hizo algunas concesiones a demandas al kicillofismo, pese a que este rechazó un planteo para renovar el mandato por un período más, con una lista de unidad a presentar el 15 de marzo. Pese a que no hubo acuerdo en ese punto esencial loq ue deja abierta la posiblidad de una interna, quedó flotando la idea de que un intercambio posible: el partido para el camporismo porque sería una herramienta afín al objetivo de pelear por la Provincia en 2027, como parte de un paquete que incluiría el compromiso de no entorpecer a Kicillof en la carrera por la presidencial.

La vuelta al pago de Ritondo

En la oposición, la votación del presupuesto nacional en Diputados acentuó la ruptura de Cristian Ritondo con La Libertad Avanza, un quiebre que arrastra el PRO bonaerense que preside y se traslada al tándem de filo libertarios en tránsito que alguna vez conformó con Diego Santilli, ahora ministro del Interior, definitivamente vestido de violeta. El distanciamiento comenzó cuando Ritondo se enteró vía tweet de la designación del “Colo” y se explicitó cuando decidió que Matías Ranzini, exdiputado que le responde, no cambiaría su banca por un destino en el Interior (iba a asumir en Asuntos Municipales) sino en el Banco Provincia.

Hoy, Ritondo volvió a ser un hombre de Mauricio Macri, que pagó en el Congreso esa pertenencia y los desplantes a los libertarios en los concejos deliberantes de La Matanza y Bahía Blanca. Cuentan que se ufana ante el Expresidente de los cargos que logró que le cedan los libertarios antes de salirse de su esquema. Santilli, a quien Ritondo había excluido del reparto de lugares para el PRO, algo que negoció con la intendenta de Vicente López, Soledad Martínez, tampoco pasa un buen momento en el Ejecutivo. Como Ritondo, la votación del presupuesto fue para él un trago amargo.

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