
El partido de 25 de Mayo sigue siendo epicentro de una campaña científica clave para rescatar la historia de la frontera bonaerense del siglo XIX. En esta etapa, un equipo de más de trece profesionales y estudiantes del Grupo de Estudios de Arqueología Histórica de Frontera (GEAHF), perteneciente al Instituto de Arqueología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), lleva diez días instalado en el territorio desarrollando excavaciones y relevamientos en dos sitios históricos fundamentales: el Fortín Cruz de Guerra (en la zona de Valdés) y el campo donde se libró la Batalla de La Verde (en la zona de Del Valle).
En diállogo con La Mañana, el licenciado en arqueología Emanuel Montanari explicó el minucioso trabajo de campo que están ejecutando y explicó el valor de estos yacimientos que marcan los orígenes de la comunidad veinticinqueña y la historia nacional.

Cruz de Guerra: Un gigante de 1828 bajo la lupa de los drones
El Fortín Cruz de Guerra fue fundado en 1828 y funcionó durante unos 30 años como una avanzada clave contra el indio en una línea que conectaba puntos estratégicos como el fuerte Olavarría, Blanca Grande, Tandil y Bahía Blanca. “A escala arqueológica era un fuerte muy grande, de más de 400 metros de lado con baluartes en las esquinas; es decir, que tenían disponibilidad de cañones en los vértices”, detalló Montanari.
Para abordar semejante dimensión, el equipo combina tecnología moderna con las técnicas tradicionales de la arqueología. “Necesitamos técnicas de análisis no invasivas. Usamos detectores de metales, geo-radar y tecnología de drones, desde donde hoy en día se pueden ver perfectamente las fosas perimetrales del fuerte. Con esa información diseñada en laboratorio, venimos al terreno a plantear las cuadrículas, los sondeos y a excavar con cucharín dentro del perímetro”, graficó el investigador.
El objetivo del grupo no es solo entender la geopolítica de la época, sino reconstruir el día a día de quienes habitaron el lugar. “Buscamos ver la cotidianeidad, lo que pasaba adentro a partir del análisis y la asociación de los materiales que encontramos, como ladrillos con zunchos u otros objetos. Por eso es tan importante concientizar a la población de no sacar materiales ni objetos del suelo sin tener un contexto, porque si se los llevan, a nosotros nos quitan la información histórica”, advirtió el profesional.

La Verde: Reconstruir la batalla a través de los plomos y el GPS
En paralelo al estudio de la vida cotidiana en el fortín de Valdés, el GEAHF lleva adelante un desafío metodológico completamente distinto en los campos de Del Valle, donde el 26 de noviembre de 1874 se libró la Batalla de La Verde, el choque donde las fuerzas gubernamentales de la vanguardia de José Inocencio Arias (800 soldados) derrotaron a las tropas revolucionarias de Bartolomé Mitre (que oscilaban entre 5.000 y 8.000 hombres, según las fuentes).
“Ahí comenzamos a investigar desde 2007 a través de la materialidad, principalmente con detectores de metales, buscando vainas y plomos que hacen a la batalla”, relató Montanari. “El espacio es inmenso porque el sitio de la batalla es un bosque que las tropas de Mitre rodearon. Fueron años y años de ir viendo dónde se encontraba cada elemento, marcar un punto georreferenciado con GPS y, a partir de esa distribución de material, reconstruir la dinámica del combate, sus pasos y sus etapas”.
El arqueólogo anticipó a La Mañana cuál es el próximo e importante paso científico en el lugar del enfrentamiento: “Ya tenemos la etapa de investigación de la distribución del material bélico, ahora lo que faltaría es ubicar el lugar donde, debido a que hubo muertos en el combate, fueron sepultados los cuerpos”.

Ciencia a pulmón e identidad local
Esta campaña cuenta con la participación de destacados profesionales, entre ellos el doctor Carlos Landa, investigador del CONICET, junto a otros doctores, licenciados y alumnos de la UBA. Montanari destacó que, aunque el proyecto global en la zona nació en 2007 y se focalizó en Cruz de Guerra en 2014, sostenerlo en el tiempo requiere un gran esfuerzo colectivo.
“Siempre tuvimos la mejor predisposición tanto de los dueños del campo como de las autoridades municipales para continuar. No es fácil hacer esto por una cuestión económica, porque siempre hay poca subvención o apoyo financiero para la ciencia argentina, aunque ahora estemos con un poquito más de posibilidades para conocer nuestro pasado”, concluyó.



