¿Cuántas tragedias más para ser feministas?

Si bien la lucha feminista hoy se expande a nuevos grupos y comunidades, el objetivo principal sigue prevaleciendo: igualdad efectiva y erradicación de las violencias de todo tipo.

Por Delfina Márquez Izurrieta (Estudiante de Relaciones Internacionales. Norberto de la Riestra)

¿Cuándo se empezó a luchar por el feminismo? Incluso antes de llamarlo como tal, antes de las movilizaciones por el voto femenino, ya había personas que luchaban en nuestro país por la igualdad efectiva de género. Fuertes mujeres se oponían a una sociedad que no le daba derechos civiles que hoy pensamos como fundamentales: educación, sufragio, trabajo, y demás.

Así como la Argentina fue casi pionera en la región sobre leyes contra la esclavitud, también tuvo mentes brillantes que pensaron desde años muy tempranos sobre las diferencias de género impuestas. Afrontaron las críticas y mantuvieron el alma abierta frente a argumentos expirados, como que las mujeres eran biológicamente inferiores a los hombres y que por ello no podían ocupar cargos de poder en ningún sentido.

Juana Manso es la referente que más resuena como una de las primeras feministas del país. Defensora tanto de la educación, escuelas mixtas y periodismo, entre otras cosas, es una de las imágenes más presentes en la lucha por los derechos de las mujeres. Si bien es un tanto complicado encontrar hombres en la Historia del país que se hayan pronunciado frente a estas injusticias a fines del siglo XIX, nada es imposible. En este caso, el mismo año en el que Juana Manso perdía su vida, en 1875, se presentaba una tesis revolucionaria en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA, titulada Disertación sobre la condición civil de la mujer. Su autor era un hombre.

¿Qué sabemos de él?

Cristián Demaría nació el 20 de noviembre de 1849 en una familia atravesada por las artes y las leyes. Viviendo solo con su padre, Bernabé Demaría, desde pequeño, a causa del fallecimiento de su madre, se vio enredado en su gusto por el teatro, la pintura y la literatura. Por la gran amistad de Bernabé con Carlos José Guerrero, Cristián pasó muchos de sus días con su prima del corazón, la conocida Felicitas Guerrero.

Sin saberlo aún, la vida de Felicitas estaría marcada por un matrimonio no deseado, hijos perdidos y, más terriblemente, un acosador despechado, Enrique Ocampo. Días antes de las segundas nupcias de Felicitas, ya viuda, en su fiesta de compromiso con Sáenz Valiente, Ocampo se presentó para mostrarle su rechazo hacia este casamiento. Felicitas primero se negó a verlo, pero terminó accediendo. Con todos los invitados en el jardín, aceptó que Cristián Demaría y su hermano la escoltaran en secreto para oír lo que iba a pasar. Enrique Ocampo estaba borracho y tenía un arma escondida. Le dio “una última oportunidad” a Felicitas para elegirlo a él, y ante la negativa le disparó. La bala dio mortalmente en el omóplato derecho de Felicitas. Enrique Ocampo se quitó la vida minutos después. Cristián Demaría, que intentó, pero no logró socorrerla, quedó fuertemente marcado por este hecho de 1872, que le hizo perder una parte tan importante de su vida.

En 1875, tres años después de aquella tragedia, presentaría su polémica tesis, denunciando que las leyes de la época oprimían a la mujer y limitaban su libertad, lo que conformaba un peligro para toda la humanidad. Este trabajo fue duramente rechazado por la estructura patriarcal de la época, pero frente a la insistencia de Demaría se le dio el título de Doctor en leyes. Una vez recibido, se orientaría como juez penal, y se dedicaría a intervenir activamente en las causas de violencia contra la mujer. Se lo destaca por su sentido de justicia al juzgar de la misma forma a distintas clases y por rechazar su nombramiento para la Corte Suprema para no ser “cómplice de la injusticia”.

Nuevas investigaciones contemporáneas lo marcan como “el primer defensor de los derechos de la mujer” en Argentina, mientras hacía unos años se tenía muy poco registro de él. Se están intentando recuperar más detalles sobre su vida y su relación con otras figuras defensoras de la causa, tanto hombres como mujeres.

Si bien la lucha feminista hoy se expande a nuevos grupos y comunidades, el objetivo principal sigue prevaleciendo: igualdad efectiva y erradicación de las violencias de todo tipo que, aunque en otras circunstancias, persisten desde incluso antes de todas estas figuras y sus obras. No sigamos esperando a que se cometan más crímenes si podemos actuar antes. Reflexionemos sobre la seguridad, sobre la convivencia, sobre las maneras de relacionarnos y el trato justo entre todos. Seas quien seas ¿Cuál es el mundo en el que queremos vivir? ¿Cómo queremos educar a las próximas generaciones? ¿Cómo vamos a cuidarlas? ¿Es necesario esperar más y más tragedias?