Por Darío Sabini (Ingeniero Agrónomo – 25 de Mayo)
En el territorio argentino existen zonas libres de fiebre aftosa sin vacunación y otras reconocidas como libre de esta enfermedad con vacunación, bajo la autoridad y supervisión del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, ejecutando las normativas y el calendario de vacunación para la ejecución de los entes locales, fundaciones, responsables del ordenamiento, barrido del territorio y solidaridad entre todos los productores para mantener un precio único sin tener en cuenta el tamaño de sus rodeos y la total cobertura del distrito.
Los informes de SENASA sobre este programa de vacunación arrojan datos satisfactorios y superadores, permitiendo desde hace tres décadas una forma efectiva de control que antes nunca se había logrado. La creación de estos entes sanitarios y fundaciones se ajustaron a objetivos que dieron cumplimiento a un programa de vacunación en forma ordenada, auditable y sostenible en el tiempo, cumpliendo con balances, certificaciones en el orden jurídico.
El brazo ejecutor de la vacunación en la producción ganadera debe generar y mantener una protección sanitaria necesaria, como hasta el momento, que observan mercados actuales y futuros, ganando así eficiencia en producción y generando ingresos a las arcas del Estado nacional, necesarias para la consolidación de un modelo económico y una mayor oferta de carne para el mercado doméstico.
Abandonar un programa de vacunación puede sumar riesgos sanitarios por incumplimiento efectivo, afectando la sanidad. Un grave error, difícil de solucionar por una falta de cobertura en todos los establecimientos rurales con ganadería cualquiera sea su escala.
Son tiempos donde la ganadería necesita de programas sanitarios para ser cada vez más eficientes en la producción, ante la necesidad de mantener y ganar nuevos mercados en el orden internacional.









