SALUD
INFANTIL
- El deporte y la actividad física
- Por la Dra. Adriana Caldarelli M.P. 16.428 (25 de Mayo)
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- El niño es esencialmente «movimiento». A través del movimiento
conquista el medio ambiente y adquiere desarrollo motor, intelectual
y socio afectivo. Sabemos que no puede haber crecimiento y
desarrollo, sin un mínimo de actividad física y que el
sedentarismo de la vida moderna, junto con la obesidad, es uno de
los factores de riesgo para el desarrollo de patologías en la vida
adulta como cardiopatía isquemica, hipercolesterolemia,
hipertensión arterial y diabetes.
- Sin embargo, el ejercicio, mal indicado, a edades que no
corresponden o realizado de manera excesiva para una determinada
edad o estado físico particular puede resultar perjudicial para la
salud y generar lesiones, agotamiento y abandono.
- Según el Dr. Raúl Ferrari (especialista en medicina del deporte)
existen distintas «capacidades motoras»: capacidad de fuerza, de
resistencia, de velocidad, y otras que combinan movimientos,
equilibrio y orientación temporoespacial. (Coordinación.
- La flexibilidad, es una capacidad mixta, refleja la capacidad de
una sola articulación o de una serie de articulaciones y de sus
estructuras musculotendinosas de elongarse tanto como lo permitan
las restricciones físicas de dicha/s articulación/es. El niño
posee una flexibilidad naturalmente elevada, que si es
convenientemente trabajada será mantenida por el resto de la vida.
- Estas capacidades motoras se manifiestan de diferente manera en
las distintas etapas de desarrollo.
- La fuerza, depende de la maduracición neuromuscular del aparato
de sostén y de la producción hormonal, que ocurre en la pubertad.
Por la presencia de la testosterona, los varones suelen tener un 40%
más de fuerza que las mujeres. Se aconseja esperar a que se
complete el desarrollo, ( 20, 25 años) para realizar pesas.
- La actividad aeróbica requiere un buen desarrollo neuromuscular,
ya que de lo contrario se llega fácilmente a la fatiga. Se puede
iniciar el entrenamiento en el periodo preescolar con desarrollo en
etapa prepuberal e intensificarla durante la pubertad y adultez.
- La capacidad para realizar actividades anaeróbicas se sitúa en
la primera fase del desarrollo puberal, por lo tanto se deben
desaconsejar esfuerzos máximos en etapa prepuberal.
- La velocidad es una capacidad que puede desarrollarse en etapas
tempranas, pudiendo comenzar con el entrenamiento en la etapa
escolar, pero teniendo en cuenta la escasa resistencia anaeróbica
del niño de 9 a 10 años. Para las capacidades coordinativas existe
un momento oportuno que va de los seis a los once, en las niñas y
los doce en los varones.
- ¿Cómo podemos favorecer un correcto desarrollo de las
capacidades motoras? :
- En el primer año de vida acompañando el desarrollo con juegos,
colocando al lactante en un corralito, que por otra parte resulta
seguro. El bebe puede ir adquiriendo habilidades motoras (girar
sobre su cuerpo, sentarse, gatear y pararse) a medida que madura su
sistema nervioso. El juego «a las escondidas « y el reconocimiento
de su imagen frente al espejo, así como la interacción con sus
hermanos mayores favorecen el desarrollo psicomotor. Como actividad
organizada a esta edad se puede indicar la natación. Los padres
deben observar cómo se lleva a cabo la enseñanza y el aprendizaje
y como reaccionan los niños.
- A partir del año y durante la etapa preescolar, promoviendo la
actividad física dentro del llamado « tiempo libre» en compañía
de sus padres en plazas y juegos que no sean peligrosos sin dejar de
vigilados en forma permanente ya que son muy frecuentes a esta edad
los accidentes.
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- En la etapa escolar, el niño se socializa y comienza a comprender
los aspectos básicos de los reglamentos deportivos. En ocasiones
suelen elegir una disciplina deportiva y luego cambiar de opinión.
Se los debe acompañar en las elecciones ya que estos cambios son
normales a esta edad, y para poder elegir primero hay que conocer y
vivenciar.
- Se debe promover y priorizar el entretenimiento a la competencia y
la exigencia de ganar.
- Etapa de la adolescencia: es una etapa de intensa actividad
fìsica, en la cual se comienza a adquirir la madurez motora. Se
empiezan a buscar modelos en los cuales identificarse,
(entrenadores, padres, deportistas), surge mayor interés por la
pertenencia al grupo de pares, se comienza con la especialización
deportiva, surgiendo en ocasiones el «talento deportivo» que
desarrolla sus destrezas a través de un intenso entrenamiento pero
sin negarle recreación y divertimento.
- Se debe tener en cuenta que por sobreexigencia, ya sea en
intensidad, frecuencia de las prácticas deportivas, presión
psicológica impuesta o autoimpuesta, presión del entorno muy
competitivo, etc., se puede llevar a un síndrome de saturación
deportiva, fenómeno biológico que puede llevar al niño o
adolescente al abandono de toda actividad deportiva.
- En muchas ocasiones los pediatras somos consultados para
«llenar» planillas de salud de niños y adolescentes que deben
realizar algún deporte de tipo competitivo.
- Es necesario aclarar que en estos casos, solo podemos realizar
certificados que avalen el estado de salud al momento del examen, en
condiciones básales.
- Si el examen resulta normal se lo habilita para realizar
ejercicios dentro de la curricula escolar, de acuerdo a sexo y edad
y de tipo no competitivo.
- Para realizar deportes de alta intensidad y competencia deben ser
examinados por cardiólogo o medico deportólogo. Quienes a su vez,
solicitaran los estudios correspondientes (electrocardiograma,
ergometría, ecocardiograma y demás estudios que consideren
necesarios).

SALUD INFANTIL
Alimentación saludable
Por la Dra. Adriana Caldarelli M.P. 16.428 (25 de Mayo)
Continuando con el tema de Alimentación Infantil, hablaremos hoy de
algunas pautas de alimentación entre los seis meses y dos años.
Antiguamente los lactantes alimentados con lactancia materna
exclusiva muy prolongada no recibían otros alimentos prácticamente
hasta el primer año de vida .
Entre los años 1924 (Jun-dell) y 1933 (Glazier) se publicaron
estudios que muestran que en esa época la administración de
semisólidos era muy infrecuente.
En los años en que se produjo una disminución de la lactancia
materna con la imposición de las fórmulas lácteas, hubo también
una tendencia a la introducción muy precoz de otros alimentos (cuarta
y octava semana). Finalmente; en los últimos diez a quince años, a
partir de la información sobre la importancia de la leche materna, la
edad recomendada se ha ido modificando, confirmando que durante los
4-6 meses de vida no se requieren otros alimentos ni agua para cubrir
los requerimientos nutricionales y que desde los seis meses en
adelante sería la edad óptima para la introducción de alimentos
complementarios enfatizando continuar con la leche de madre (UNICEF
marzo 1998) hasta los dos años.
Ningún alimento proporciona por si solo todos los nutrientes que el
organismo en crecimiento necesita. Por esta razón se deben incorporar
diferentes grupos de alimentos en forma equilibrada y atractiva para
el niño. Se debe tener en cuenta que los menores de un año corren el
riesgo de ahogarse, y pueden desarrollar algunos tipos de alergias;
por lo tanto se desaconseja darle caramelos duros o masticables, uvas
enteras, clara de huevo, helados, salchichas, verdura cruda dura
(zanahoria), pochocho o papas fritas.
Los tubérculos (papa, batata, mandioca), y los cereales (arroz,
maíz, trigo, fideos), se deben preparar espesos como purés, y
combinados adecuadamente.
Se pueden combinar, por ejemplo con alimentos de origen animal, que
contienen proteínas de alta calidad, y que además aportan hierro.
Debemos recordar que la anemia ferropénica, es decir por deficiencia
de hierro, es uno de los principales problemas de salud pública a
nivel mundial, y que en todos los estudios realizados se detecta mayor
afectación en los menores de dos años, las mujeres embarazadas y los
recién nacidos de bajo peso. A su vez la anemia predispone a las
infecciones, dado que afecta el sistema inmunológico, cerrando así
el círculo vicioso de desnutrición -enfermedad- desnutrición. A
partir de los seis meses se puede incorporar carne de vaca, hígado,
morcilla, pescado (si no hay antecedentes de alergia). Se agregan a la
papilla triturados en una pequeña cantidad dos cucharadas soperas
diariamente o por lo menos tres veces por semana.
Las legumbres (arvejas, lentejas) son muy nutritivas si se combinan
con cereales como arroz, maíz, trigo o con tubérculos, en una
relación de dos porciones de cereal por una de legumbres. Las
legumbres proporcionan hierro, aunque de menor biodisponibilidad que
el de origen animal, y son también una buena fuente de proteínas.
Las Guías Alimentarias para la Población Infantil del Ministerio
de Salud de la Nación (2006); aconsejan incorporarlas en la
alimentación entre el séptimo y el octavo mes, en purés, tamizadas
y sin piel. En cuanto a las frutas y verduras considera conveniente
cada día una fruta y una verdura amarilla, anaranjada o de color
verde oscuro para garantizar el aporte de sus vitaminas y minerales.
Se ofrecerán limpias, frescas, cocidas en forma de puré o en jugos
acompañando las comidas.
El hierro medicinal, que se incorpora a partir de los dos o cuatro
meses, (según el peso de nacimiento, su edad gestacional y la
presencia o no de patologías perinatales); se puede dar diluido en
jugos de fruta naturales porque aumenta su absorción.
Los purés aumentan su valor calórico si se le agrega un poco de
leche entera fortificada, una cucharadita de manteca, aceite o crema
de leche. A los siete meses se agregan zapallito verde, palta y se
puede aumentar la fuente de proteínas con la yema de huevo bien
cocida. Entre los nueve y doce meses, se puede incorporar, espinaca,
remolacha, choclo rallado, pulpa de tomate sin piel y sin semillas. No
es recomendable limitar la cantidad o el tipo de grasas de la
alimentación durante los dos primeros años de vida. La grasa tiene
suma importancia para lograr una adecuada composición corporal y,
fundamentalmente el desarrollo del sistema nervioso central. Asimismo
para alcanzar el aporte requerido de energía, y su restricción no
ofrece ventajas respecto de la prevención de enfermedades crónicas.
En cuanto a los productos lácteos, se puede utilizar leche
fortificada o manteca para enriquecer las papillas, a partir de los
seis meses; entre los siete y ocho meses, incorporar postres con
leche, tipo flan, quesos cremosos, yogur entero de vainilla y a los
nueve meses queso fresco en trocitos y queso de rallar. Aportan calcio
y vitaminas A y D. La sal agregada no es necesaria ni saludable para
los niños, por lo que se desa-conseja su uso en lactantes y niños
pequeños.
Siempre se debe recordar que tanto el niño como el adulto tiene
capacidades para autorregular su ingesta, por lo tanto no se lo debe
forzar a comer. Se debe diferenciar claramente el llanto de hambre del
provocado por disconfort (por ej: pañales mojados) dolor o sueño,
evitando así el desarrollo de conductas alimentarias nocivas, que
pueden llevar a la obesidad.
A medida que el niño crece, necesita tres comidas y al menos dos
refrigerios, y a veces otro antes de irse a dormir. Los preescolares
necesitan más cereal, verduras y fuentes proteínicas, como leche y
carnes.
Tras el rápido crecimiento del primer año, el ritmo disminuye y
los niños suelen comer menos. En este período nos encontramos con la
queja materna expresada en frases como la siguiente: "Dr/a. mi
hijo no me come", a lo que risueñamente les contestamos que nos
alegramos mucho que así sea porque de lo contrario su hijo seria
antropófago.
Las variaciones del apetito son normales en esta etapa y mientras el
crecimiento siga los carriles normales y no aparezcan signos
carenciales o de enfermedad, la mamá debe saber que su hijo es
"normal", y probablemente tampoco necesite de complejos
vitamínicos.
En este período debe ofrecer al niño una selección nutritiva de
alimentos y procurar tener paciencia para darle la libertad de elegir
lo que desee dentro de lo razonable. Se deben fomentar hábitos de
alimentación saludable a edades tempranas, dando el ejemplo en la
mesa familiar. Evitar la "comida chatarra", (papas fritas,
gaseosas, tortas o caramelos) porque producen obesidad. Las bebidas
más saludables son el agua y la leche. Los jugos artificiales tienen
alto contenido de azúcar (predisponen a las caries) y algunos
aditivos perjudiciales que pueden provocar cuadros respiratorios o
eruptivos. En las visitas periódicas al médico, cada pediatra lo
ayudará a saber si el niño está alimentado correctamente, si
consume lo suficiente de cada grupo calórico y si hay alguna
deficiencia que el niño corre riesgo de padecer.

- Cuando hablamos de "alimentación saludable",
mencionamos la palabra percentilo, ¿qué es el percentilo?: se
trata de unas tablas, donde se mide el estado nutricional de un
bebé o niño; relacionando la edad con el peso, la talla o el
perímetro cefálico. Asimismo exísten otras tablas que relacionan
el peso con la talla.
- Es de mucha utilidad en cada consulta pediátrica, ya que dadas
las características de nuestros pequeños pacientes los procesos
infecciosos y cualquier otra enfermedad puede afectar su
crecimiento. A veces se trata de patologías agudas como una
gastroenteritis, una bronquitis, neumonía, etc. Otras veces se
trata de enfermedades crónicas, que van deteriorando al niño en un
punto de su crecimiento. Estas requieren internaciones prolongadas y
tratamientos varios que modifican el apetito del niño con graves
consecuencias como carencias vitamínicas y de diversos nutrientes.
- Por eso son imprescindibles estas tablas, que se adaptan a la
población de un país y grupo etáreo determinado. Así, existen
tablas para tabular a niños prematuros, niños con Síndrome de
Down, etc.
- Se define como obeso al niño cuyo peso excede el percentilo 97
para su talla. También se puede definir por el IMC (Indice de Masa
Corporal).
- Si el índice de masa corporal está en percentilo 95, el paciente
tiene sobrepeso u obesidad infantil. Si está entre los percentilos
85 y 95, tiene riesgo de obesidad. (AAP, Comité de nutricion,
2008).
- La obesidad es una enfermedad crónica, que responde a múltiples
causas, y está ocasionada por un disbalance calórico en el que
ingresan en el organismo más calorías de las necesarias para
crecer y madurar, que son almacenadas en forma de grasa. La
prevalencia de obesidad se duplicó en los últimos veinte años en
EEUU, las consecuencias de la misma, en la salud del futuro, serán
mayores a las atribuibles al tabaquismo.
- En nuestro país se encontró entre 4,4 % y 11% de prevalencia
según la región.
- Solamente uno de cada 200 niños obesos tienen una enfermedad
genética o endocrinológica asociada, y en estos casos, la obesidad
va precedida de signos y síntomas más graves que motivan la
consulta. Ciertos patrones genéticos podrían potenciar el aumento
de peso. Los niños que tienen un padre obeso, tienen tres veces
más riesgo de tener obesidad en la edad adulta. Cuando son ambos
padres obesos, el riesgo es diez veces mayor . Asimismo existen
períodos más vulnerables para desarrollar obesidad, la que se
instala en la adolescencia tiene mayores posibilidades de persistir
en la adultez (80%).
- Si bien el motivo de consulta la mayoría de las veces es la
preocupación estética, pueden también consultar por
complicaciones; tales como dolor de rodillas o espalda, arcos
plantares vencidos, inflamaciones pretibiales (enfermedad de Osgood
Schlatter), o dolor en la cadera (enfermedad de Legg-Calvé-Perthes).
- La discriminación es otra de las consecuencias de la obesidad,
que aísla socialmente al niño, llevandolo a más sedentarismo e
inactividad. En los adolescentes provoca alteraciones de la imagen
corporal que llevan a baja autoestima, búsqueda de modelos
inalcanzables, depresión y severos trastornos de la conducta
alimentaria como anorexia o bulimia.
- Otras complicaciones a largo plazo, son: hipertensión,
hipercolesterolemia, aumento de lipoproteínas de baja densidad o
LDL, descenso de lipoproteínas de alta densidad HDL, intolerancia a
los hidratos de carbono, trastornos menstruales, colelitiasis,
trastornos dermatológicos como estrías y oscurecimiento de la piel
en los pliegues (acantosis nigricans), diabetes tipo II.
- El tratamiento del niño obeso es multidisciplinario, en el mismo
están involucrados, pediatras, psicólogos, nutricionistas,
endocrinólogos y ortopedistas.
- Se debe promover un cambio en el estilo de vida familiar. El plan
terapéutico debe ser apropiado a la edad, individualizado a cada
caso en particular, con metas posibles y realistas, promoviendo
cambios de tipo alimentario, ofreciendo más frutas y verduras,
indicando consumir más pescado, reducir el consumo de sal y comida
rica en grasas, limitar las horas de TV y/o computación a dos horas
diarias, realizar ejercicio, (sesenta minutos de ejercicio vigoroso
por dia).
- Como siempre mejor que tratar es "prevenir", y en este
caso tenemos los pediatras junto a los padres en esta tarea desde el
momento del nacimiento y mejor aún desde la concepción. La
diabetes materna, la anemia, el tabaquismo suelen provocar
insuficiencia placentaria y son determinantes patológicos de la
composición corporal al nacer, los hijos de madre diabética son
grandes para su edad gestacional y al nacimiento muestran aumento de
grasa corporal.
- El control de la diabetes materna tiene importancia en la
prevención de la obesidad en la infancia y al adolescencia.
- La lactancia materna es un factor importante en la prevención de
obesidad en edades posteriores, en cambio, la inadecuada
preparación de biberones, forzar la ingesta de todo el biberón,
agregar cereales o azúcares en exceso, y la introducción de
semisólidos antes de los seis meses, pueden llevar a un aporte
calórico más alto y favorecen la aparición de obesidad.
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